De pequeña, la narradora evoca con cariño sus primeros contactos con el mundo artístico. A los cinco o seis años, su madre la disfrazó de María Antonieta con un repollo rosa y una peluca blanca que rechazó, aunque el vestido le encantaba. Influida por artistas como Rafaela Carrasco, a la que imitaba cantando, y Concha Velasco, admirada por su versatilidad en presentación, canto y actuación.
Otro recuerdo destacado es vestirse de cabaretera, repartiendo cigarros de chocolate a los niños mientras fumaba los suyos con alegría. En el pueblo gallego, participó en un desfile de baile gallego, yendo al frente con su 'novio' Adolfito y otra chica, pavoneándose como en un verdadero escenario.
Ya en segundo de EGB, durante el festival de fin de curso, salió a cantar, consolidando esos inicios escénicos llenos de felicidad infantil.