Como todas las mañanas, el hombre se levantó y al cabo de cinco minutos divisó luces flash a lo lejos. Supo de inmediato que la policía iba a detenerlo, algo que siempre había anticipado.
El arresto fue rápido: tras procesarlo, lo trasladaron a una cárcel en Indiana, donde pasó unos dos meses. Posteriormente, lo enviaron a otra prisión en Kentucky.
Allí, el miedo se intensificó al ser mezclado con presos comunes, una situación que le generó gran temor. '¡Qué barbaridad!', exclamó al describirlo.
Aún desconoce exactamente qué pasó, pero asegura que investigará los detalles de su caso.